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Mensaje Se agrega una familia a nuestra pequeña congregación

#1  Graciela Sab 14 Abr, 2018 18:46

EL PRIMER FRUTO DE NUESTRAS ORACIONES

Hace unos dos meses me buscó una ex-alumna. Ella fue compañera de uno de mis hijos en el tiempo en que ambos eran mis alumnos en la Secundaria. En aquella época se hizo muy cercana a nosotros, congeniamos mucho, y conservamos desde entonces una fuerte amistad; aunque no nos veíamos con frecuencia, siempre nos daba muchísimo gusto encontrarnos.

Ella tuvo una vida difícil. Se relacionó con un joven que era adicto, al tiempo también a ella la involucró en el consumo de drogas; tuvieron tres hijos, y vivieron un tiempo en Estados Unidos.

Por problemas migratorios, tuvieron que venirse de regreso a México, y aquí pusieron un negocio con el que les iba muy bien económicamente; sin embargo, en ella ya existía el deseo de dejar las drogas, así que por su cuenta se internó en un centro de rehabilitación, pues su pareja no quiso seguirla.

Cuando me buscó fue para pedirme ayuda por su hijita mayor, que tiene 12 años, ya que acababa de descubrir que la niña se estaba haciendo cortes en sus brazos y sus muslos.

Después de que se desintoxicó, ya no pudo seguir con su esposo, por lo que hacía poco tiempo se habían separado, y la más afectada fue su hijita mayor. Pero no por la separación, sino por el tiempo que tardó en separarse, ya que mientras estuvieron juntos, ella y su esposo discutían y se drogaban, e incluso al parecer el joven también la llegó a golpear. La niña mayor ya no quería que siguieran juntos, y eso le provocó un enorme resentimiento contra su padre. En aquel momento la estaba llevando con un psiquiatra, y al parecer le habían recomendado darle medicamentos a la niña, a lo cual ella se resistía.

Fue un viernes cuando llegó a mi casa, y mientras ella me platicaba, yo terminaba de hacer los panes de zanahoria que acostumbro hacer para Shabat. En un momento dado, yo le comenté lo que hacía y por qué, y se interesó mucho. Me hizo la pregunta clave: ¿Qué es shabat, maestra? Y de ahí comencé a platicar con ella, a citarle las Escrituras, y a informarle sobre las evidencias que había de que la cristiandad (católicos y protestantes) había vivido en un engaño que se gestó desde el primer siglo, y se oficializó por primera vez en el Concilio de Nicea, convocado por Constantino, en el 325 después del Mesías.

Pasamos las siguientes dos horas platicando del Eterno. Ella creció en el catolicismo, y aunque nunca fue asidua practicante, dio clases de catecismo a los niños; sin embargo, reconoció que no sabía contestar a muchas de las preguntas que le hacían, especialmente su esposo, a quien ella insistía en que confiara en Dios. Lo hacía que prendieran veladoras, que pidieeran perdón, a su modo, y que eso a ella la hacía sentir cierta paz temporal.

Al finalizar la plática, quedó muy formalmente de venir a reunirse con nosotros al día siguiente, en el Shabat. Y así lo hizo, vino con sus dos hijitas; la menor se fue a la clase de los niños, y la mayor se quedó con nosotros. Platicamos mucho, oramos con ella, estuvimos hablándole de nuestros testimonios, y decidió que quería entrar en Pacto con el Eterno. Yo le regalé mi Biblia, y le recomendamos que orara y les leyera las Escrituras a sus hijos.

INMEDIATAMENTE EL ETERNO DIO RESPUESTAS

Al día siguiente muy contenta me dijo que sus hijas estaban encantadas, y que querían volver al siguiente Shabat. Pero no fue sólo eso. Ella trabaja manejando un Uber, y el domingo llevó a unas mujeres; le llamó la atención la forma en que se expresaban, y decían "Shalom" y "Yeshúa". Estas palabras nos las había escuchado el día anterior, así que se extrañó, porque nosotros le habíamos dicho que al parecer no había más personas en Hermosillo que estuvieran en raíces hebreas.

Resultó que tres de las mujeres viven aquí en Hermosillo, y tienen años en las raíces hebreas; la cuarta hermana venía de California, y justo venía para apoyar a estas tres hermanas, porque una de ellas se iba a bautizar.

¡Estábamos contentísimos y maravillados con el Padre! Mi ex-alumna decía: ¡De no haber estado con ustedes el día anterior, me hubiera pasado inadvertida la forma de hablar de ellas! Pero mira que encontrármelas justo cuando acababa de enterarme de las raíces hebreas, entusiasmada y sorprendida. El siguiente viernes fuimos a conocerlas, pasamos un tiempo muy bendecido con nuestras hermanas.

De ahí mi ex-alumna tuvo una hermosa semana, con sus hijos, muy feliz y gozosa. Pero la siguiente semana fue extremadamente difícil, parecía que todo le salía mal, y a mí el Espíritu me revelaba que algo no andaba bien, que ella estaba pasando por un mal momento; estuve orando por ella toda la semana, aún sin saber nada, porque ella no se comunicó en todos esos días.

El sábado avisó que no podría llegar temprano, y finalmente apareció con su hijita mayor ya terminado el Shabat. Era la viva imagen de la desolación, el estrés, la angustia y el cansancio. Me platicó todos los problemas que tuvo, incluyendo uno económico muy fuerte; después de escucharla, y orar con ellas dos, ella entendió que todo eso era consecuencia de querer enfrentar la vida por sus propias fuerzas, sin haber puesto en primer lugar al Padre. Conforme pasaban los minutos, se fue tranquilizando, y reconociendo su insensatez, tomó la decisión de ya no volver a confiar en sí misma, sino en buscar al Padre.

Como estaban encima las vacaciones de Semana Santa, se fue las dos semanas con la familia de su esposo, a un rancho, donde pasó un tiempo maravilloso con sus hijos.

Cuando volvió, más tranquila, pasamos un buen Shabat aquí con ella; en la plática surgió el tema de su esposo, de que ya estaba con otra mujer, de que ella todavía lo quería pero que a veces le entraba mucho coraje porque no la ayudaba, porque la dejó en la calle quitándole el negocio que era de ambos, de que su hija mayor no quería hablar con él, y de que ella deseaba simplemente no pensar en todo eso. Una vez más se le exhortó a no soslayar el problema, sino más bien averiguar cuál era el propósito del Eterno al permitir esos problemas. ¿Que orara por su esposo? ¿Que intercediera por él, ya que se estaba perdiendo? ¿Que conminara a su hija a perdonar a su padre y a obedecer el mandamiento de honrarlo? Se quedó muy pensativa, y dócil como es, aceptó que debía intentar averiguarlo.

Durante la semana me dio estas tres enormes y grandiosas noticias:
  1. A su hija la dieron de alta con el psiquiatra, que ya estaba bien, ¡Aleluya, gloria al Señor!  
  2. Esta niña al fin había accedido a hablar con su papá.
  3. Mi ex-alumna y su esposo habían podido platicar y ponerse de acuerdo en que él iba a comenzar a ayudarle económicamente.


¿Qué puedo decir, sino que me abruma la fidelidad del Eterno? Ahora que has terminado de leer este testimonio, te pido que me ayudes con una oración por esta familia, por la restauración de este matrimonio, y para que se cumplan los propósitos del Eterno en mi ex-alumna, en el Nombre de nuestro amado Yeshúa  

Espero que te sea de bendición, ¡Shalom!  
 



 
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