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¿Sabías que...
¿Existe algo después de morir? Enviado  Mar 28 Nov, 2017 11:10 Por Graciela
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¿Todos iremos al Cielo? ¿O al morir se acaba todo?

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Yo creo que ésta es una de las preguntas del millón de pesos, y tal vez la que mayores debates inicia una vez planteada en una reunión.

Y es que en realidad no se puede afirmar fehacientemente que alguien haya vuelto de la muerte a platicarnos cómo son las cosas de aquel lado.


Esta reflexión se vino a mi mente junto con otras como fichas de dominó desde ayer en la mañana en que nos enteramos de que falleció el nieto adolescente de una de nuestras hermanas en el Señor.

El fallecimiento de un ser querido de por sí ya es doloroso; y lo es más cuando hay circunstancias que lo agravan. Lo más impresionante de este caso es que fue accidente prácticamente en su totalidad; es decir, no se puede decir que hubiera habido imprudencia de nadie, excepto del dueño de la vaca contra la cual chocó el carro, por no habeer cuidado que no se le escapara.

Sí, venía toda la familia regresando a casa; les faltaban aún unas dos horas para llegar a la ciudad, y era medianoche. De pronto se les apareció una vaca y no pudieron evitarla, chocando contra ella. No, no les pasó nada, excepto al carro, ni tampoco la vaca se volcó sobre el vidrio delantero, como ha pasado otras veces.

Totalmente ilesos, salieron apresuradamente del carro, pues éste había quedado sobre la carretera; se dispersaron alrededor de la carretera, en la cuneta, gritando y haciendo señas a los demás automovilistas para que bajaran la velocidad, pues no había ningún señalamiento de que el carro estaba inmóvil obstaculizando el paso, y los carros no dejaban de pasar. Uno de esos carros, en su intento de esquivar el obstáculo, dio un giro bajándose de la carretera, y en su camino atropelló al muchacho, causándole heridas mortales.

Supongo que el ruido del atropellamiento debe resonar aún en las mentes de los familiares, quienes corrieron a ver dónde había quedado el jovencito, mientras el automovilista que lo atropelló daba la vuelta rápidamente y regresaba por donde venía. Encontraron al muchacho con el cráneo fracturado, y ahí comenzó la pesadilla; gritos y alaridos de dolor, clamando a Dios para que no se llevara al niño, intentos infructuosos de infundirle aliento de vida, masajeando su corazón, y tantas cosas motivadas por la impotencia.

Finalmente, cuando el jovencito fue subido a la ambulancia, ya casi no llevaba pulso y un rato después falleció, no sé si en la ambulancia, o ya en el hospital.


La abuelita de esde niño y yo somos amigas desde hace años; últimamente ya no ha venido a mi casa porque el pastor y su esposa se lo han prohibido; yo le dije que no la volvería a invitar porque la última vez la esposa del pastor le preguntó directamente: ¿Y a usted no la han invitado? Y ella le contestó: "¡Nooooo!". Eso me incomodó bastante sobre todo porque ella tomó la decisión de mentir. Entonces le dije que ya no la invitaría más; quedamos en que si ella como amiga quería visitarme, que era bienvenida, pero que no sería por invitación mía, para que no tuviera que volver a mentir, porque al Padre no le agradó eso.

De eso ya hace como tres semanas, y en estos días no hemos tenido ningún tipo de comunicación, ni por mensaje, llamada o visita. Ni más ni menos como si la amistad se hubiera terminado. Fue la decisión que ella tomó.

Ahora en esta tragedia, ella está destrozada, transida de dolor, como es de suponerse, porque no es para menos; como dije antes, no sólo es el fallecimiento del niño, sino las circunstancias que rodearon su fallecimiento.

Todos los que somos creyentes en el Mesías (de la fe cristiana o de la fe bíblica original) tenemos entendido que cuando los hijos del Eterno estamos en estas circunstancias, no debemos de llorar; no sé de dónde sacaron esa falacia, puesto que
Eclesiastés 3:1-8 escribió: 
1 Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.

2 Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado;

3 tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar;

4 tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de endechar, y tiempo de bailar;

5 tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntar piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de abstenerse de abrazar;

6 tiempo de buscar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de desechar;

7 tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar;

8 tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz.
Nuestro Padre conoce nuestro corazón (Él nos creó) y sabe lo que nos destroza un evento de esa naturaleza.

Sin embargo, cuando Él nos ha llamado y nos ha escogido, es para un propósito: mostrar su gloria y su poder al mundo en todo momento y en todo lugar. Ése es nuestro trabajo, ésa es nuestra responsabilidad.

Difícilmente encuentro un momento más tremendo que asistir a un funeral de personas que se dicen católicos: son llantos a gritos que desgarran el alma.
Efesios 2:12 escribió: 
En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo.
Sí, así justamente se siente, que no tienen esperanza, la angustia los carcome, el dolor les corroe, y la desesperación los destroza por la impotencia de no poder cambiar la situación.

Lo que más me dolió de este trance fue ver a mi hermana sumida en un pozo similar de desesperación, angustia, dolor e impotencia que el resto de sus familiares católicos; por favor, no me malinterpretes, no estoy minimizando la magnitud de la tragedia. Sé que cualquiera en esas circunstancias, sentiríamos que nos estamos yendo hacia un abismo oscuro, que vivimos una pesadilla de la cual no despertamos.

No, no critico a la hermana por sentirse tan despedazada por el dolor; no esperaría menos de ella, pues somos humanos y la muerte es un evento tan desconocido, tan misterioso y que se lleva a nuestros seres queridos, que simplemente nuestra mente mortal no la pueda discernir. El Padre sabe esto, y por eso Él ha proveído la ayuda que necesitamos, si clamamos a Él. Porque en su amor y misericordia es imposible pensar que Él permitió esta tragedia sólo para divertirse o como entretenimiento; Él tiene propósitos, y uno de ellos es que sus hijos demos testimonio de ese amor y de esa misericordia. Es decir, nuestra querida y amada hermanita tendría que estar ministrando a su familia, experimentando la paz que sobrepasa todo entendimiento; no porque sea una supermujer sino porque el poder del Eterno, ese mismo poder que hizo resucitar a Yeshúa, es más que suficiente para levantarnos por encima de cualquier tragedia. Sólo tenemos que levantar nuestros ojos a Él.

Hasta anoche que estuve en la funeraria, no vi esa paz sobrenatural en mi hermanita, y eso me dolió hasta lo más profundo. ¿Cómo se puede ministrar a una hija del Eterno en una situación así, cuando ella no está buscando el consuelo del Padre para que Su Santo Nombre sea glorificado? Cualquier palabra de aliento o exhortación que se le diga caerá como palabra de crítica, juicio y condena

Todo esto estuve pensando desde que nos vinimos de la funeraria, y de hecho toda la noche estuve con ese dolor, clamando por misericordia para mi hermana y para todos nosotros; que podamos estar siempre a la altura de lo que nuestro Padre espera de nosotros, que podamos cumplir con nuestra misión, sean cuales sean las circunstancias en que nos encontremos.

Pero hoy en la mañana se vino otra situación más. Una hermanita, muy conmovida por la tragedia, y sintiendo (como todos nosotros) en carne propia el sufrimiento de nuestra hermana, me mandó un audio diciéndome eso, que sentía mucho dolor por nuestra hermana, por lo que estaba pasando, y que aunque se decía que los cristianos no debíamos llorar, que no podía dejar de hacerlo. Yo le recordé que los propósitos del Padre se deben de cumplir, y que uno de ellos en primera instancia era que Él fuera glorificado a través de nuestra reacción ante la tragedia; que se valía llorar por supuesto, pero que en ese llanto debía ponerse de manifiesto esa paz que sobrepasa todo entendimiento. Sentí que mis palabras no le cayeron muy bien a mi hermanita; pero lo que agregué después creo que le cayó todavía peor. Le dije: "Si el niño murió sin ser salvo, entonces se complica muchísimo poder dar palabras de consuelo a nuestra hermana". No me respondió nada, sino hasta que varios minutos después, y para tratar de suavizar mis palabras, le dije: "Pero no nos queda más que orar por todos nosotros, que el Eterno cuide nuestros corazones en cualquier situación que Él permita que estemos"; sólo me respondió "Amén, hermana". Pude percibir (a riesgo de equivocarme) que le parecí muy deshumanizada por mis comentarios.

Eso me dejó reflexionando mucho, porque no le dije ninguna mentira. Si el niño murió sin haber creído en Yeshúa el Mesías (lo cual parece que así fue, por sus publicaciones en Facebook), seguramente que hoy duerme esperando el juicio en la resurrección.
Hebreos 9:27 escribió: 
Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio,
Si su nombre no fue escrito en el Libro de la Vida, entonces lo que le espera es la destrucción como enemigo del Eterno

Entonces, si esto dice la Escritura, y aún así mis palabras le cayeron mal a mi hermanita, ¿por qué fue? ¿Por imprudentes? No lo creo, porque ni siquiera se lo dije a nuestra otra hermana. Esta pregunta me dio vueltas en la cabeza por un ratito, hasta que de pronto caí en cuenta de una cosa.

En la cristiandad siempre se comenta que los funerales católicos son muy dolorosos porque las personas en realidad no saben a dónde fue a parar el alma del fallecido. Sin embargo, en sus condolencias ellos siempre dicen: "Ya está descansando con el Señor". Ellos no lo saben; de hecho los novenarios son para eso, porque tienen la idea (no bíblica) de que las almas van al purgatorio, y que los rezos y las buenas obras de los vivos pueden ayudarles a alcanzar la salvación.

En la fe cristiana se cree que el que ha recibido la salvación, cuando llega a morir se va al cielo sin escalas. Ambas doctrinas están erróneas, ahora lo sé. La salvación es el primer paso, es el escribir nuestro nombre en el Libro de la Vida; después viene nuestra obediencia, el permanecer en el Pacto, el cuidar ese regalo de la salvación. Aunque esto pareciera que es por obras, podemos confiar en la fidelidad del Padre, que ha prometido que mientras nuestra voluntad esté puesta en ser obedientes, y nos esforcemos en eso, Él se encarga de garantizar nuestra entrada a la vida eterna. Es decir, podemos no cumplir la Ley perfectamente (nadie puede), pero el Eterno no espera perfección, quiere sometimiento y obediencia.

Ahora, ¿qué pasó con mis palabras y la reacción de mi hermanita? Que en esos momentos algunos cristianos se vuelven muy católicos; no les gusta pensar que no se irá al cielo un ser querido que ha fallecido. Y menos un niño de 13 años. Prefieren pensar que el niño se va a ir al cielo sólo porque es un niño, pese a lo que diga la Escritura.

Sin embargo, a los 13 años se tiene ya conciencia del bien y del mal, y ya somos responsables ante el Creador por nuestras acciones. Ahora, ¿quién o quiénes fueron los responsables de no haber guiado a este jovencito al temor del Eterno? ¿Su familia católica? No. Su abuelita que conoce la Escritura. Sé que la hermana lo intentaba, a veces lo llevaba a la iglesia, y seguramente que oraba por él y por toda su familia inconversa. Si el muchachito nunca aterrizó en entregar su vida al Mesías como su Salvador, entonces su nombre no fue escrito en el Libro de la Vida, y ahora ya se le acabaron las oportunidades.

Pero es curioso cómo se bloquean nuestros conocimientos bíblicos ya llegadas estas circunstancias; nos parecen palabras de juicio comentar (aún entre nosotras de forma confidencial, lo cual es permitido) la situación espiritual del jovencito a la hora de su muerte. ¿Y por qué es permitido? Porque ella tiene un hijo adolescente, y dice un dicho: Cuando veas las barbas de tu vecino pelar, pon las tuyas a remojar. Yo tengo nietos adolescentes, y también debo ponerme muy atenta a seguir orando y clamando al Padre hasta ver que ellos rinden su vida al Salvador, ahora que aún hay tiempo, porque como decía mi mamá: Nadie tenemos la vida comprada.

Miles de bendiciones ¡Shalom!


 




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